
Domingo por la tarde. Después de tantos intentos y difucltades, partimos. Entre ansiedad por arrancar y un dejo de tristeza por algunos tragos amargos que bautizaron la partida. Las calles de Acebal quedaban atrás junto a aquellas manos en alto de vecinos, amigos, y niños. No faltaron los perros, escoltándonos con sus ladridos hasta el cansancio. Fué casi inmediato el cambio de aire, se sentían otros olores. La Pacha invitaba a pasar.
Varias personas se acercaron al camino "¡sólo para saludarlos!" nos decían, o "parte de mis sueños viaja con ustedes". La señora Elvis nos acercó, entre lágrimas y sonrisas, una bandera argentina, que desde ese momento viajó en nuestras espaldas. Dos gauchos simples y emocionados frenaron su Falcon desgastado aora estrecharnos fuerte la mano y acariciarnos con ese cachetazo que acostumbran aquellos hombres corpulentos a quienes tambien se les pianta un lagrimón.
El atardecer empezó a mostrarnos un cielo de varios colores: naranja, celeste, blanco, que se recortaban en el horizonte con el verde de los campos, mientras un hilo marrón marcaba el paso de los carros...
Acebal, 3 de diciembre de 2006